Belinda es una persona de las que dejan huella por donde pasan y aficionada a este gran deporte que es el ciclismo... pero para poder disfrutar del ciclismo, necesita ayuda, necesita pilotos para poder acompañarla en tandem porque es invidente. He tenido el privilegio de ser su piloto en algunas ocasiones, he compartido momentos para mí inolvidables. Recuerdo el día que fuimos a Toledo desde Alcázar de San Juan como si lo hubiéramos hecho la semana pasada, y otros buenos momentos...
Como lo prometido es deuda, llamé a Belinda y le dije que el domingo iría a su casa con el furgón para recogerla a ella y a su tandem para ir a Urda y desde allí ir a subir la Calderina, junto con otros 11 amigos de Alcázar que quisieron acompañarnos, a lo que ella accedió sin pensarlo dos veces.
Dio la casualidad que el día anterior Belinda cumplía años y subir la Calderina, se lo tomó como un regalo y eso era lo que le decía a sus amigos cuando estos le preguntaban, ¿qué te han regalado?, una Calderina, contestaba... ¿qué clase de amigos te regalan una Calderina?
La Sierra de la Calderina es una de las más importantes de las que forman los Montes de Toledo, situada entre Urda y Fuente el Fresno, tiene una altura de 1208 metros, 4,5 km de subida con una pendiente media de un 8%, por una pista sin asfaltar, con mucha piedra suelta y muy conocida por numerosos aficionados al MTB.
Tras descargar las bicis y terminar de equiparnos, salimos de Urda para dirigirnos a subir a la ansiada Sierra. Los caminos estaban ideales para rodar, algún charco de vez en cuando, pero no los suficientes como para embarrar... De los 13 bikers que íbamos en total, 7 de ellos no conocían lo que era subir la Calderina, desconocían si podrían ser capaces de subir.
Los que ya habíamos subido en alguna que otra ocasión, les íbamos indicando donde estaba la Calderina y cuando miraban hacia ella, resoplaban... se les notaba nerviosos, miraban hacia lo más alto y alguno que otro dijo que nos esperaba abajo, otro dijo que ójala, tuviera alguna avería en la bici para ponerla como excusa y de esa forma no subir, otro que iba a apagar el pulsómetro por si lo reventaba, etc...estaban asustados.
Belinda y yo íbamos los primeros con el tandem, yo era el único que llevaba la ruta metida en el GPS, aunque algunos compañeros ya conocían la zona por la que estábamos pasando, ya que el día de la Titan de la Mancha, pasamos por allí con unos cuando kilómetros en la piernas y unas cuantas horas sentados sobre el sillín.
Llevar un tandem no es nada complicado, en mi caso lo único que me daba miedo la primera vez que lo cogí era caerme el suelo, ya que si me caigo no lo hago yo solo... sino que hago que la persona que va detrás también se caiga. La primera vez que pedaleé con Belinda le comunique mi miedo y ella enseguida me dijo que no me preocupara, que no iba a ser la primera vez que se caería al suelo. Además me dijo que la primera persona que no quiere hacerse daño ni caerse es el propio piloto y que ella confiaba plenamente en la persona que va delante, de esta manera me hizo ver las cosas se otra manera y desde entonces en vez de tener miedo lo que tengo son ganas de seguir siendo su piloto.
El piloto es el que se encarga de manejar todos los elementos de la bici: frenos, manillar, cambios y por supuesto, de ser los ojos de la persona que va detrás. En mi caso, siempre que monto con Belinda procuro ir describiéndole la zona por la que estamos pasando, como está el terreno, posibles cambios de dirección, baches, el paisaje, montañas, etc... Hago todo lo posible, para que ella con esa pequeña descripción "vea" lo que tiene a su alrededor, el resto, es simple coordinación a la hora de dar pedaladas.
Llegamos a la recta donde comienza la subida, paramos y les aconsejamos a los demás que sería conveniente quitarse algo de ropa de abrigo, ya que el la subida sudaríamos todos y al llegar arriba nos quedaríamos frío. Les dijimos que no se agobiaran, que se relajaran y que cada uno subiera a su ritmo sin pretender adelantar a nadie, así que de esta manera arrancamos todos para comenzar la ascensión..
Poco a poco nos fuimos disgregando, cada uno al ritmo que podía, nos encontramos con un gran grupo de gente practicando senderismo ascendiendo y otro buen grupo de ciclistas descendiendo (alguno a gran velocidad) por el mismo camino que nosotros llevábamos. Los ciclistas que bajaban a una velocidad razonable nos daban ánimos para seguir hacia arriba y alguno que otro se le escapó un ¡ostras....!! cuando nos vieron a Belinda y a mi subiendo con un tandem...
Cuando adelantamos al grupo de senderistas, les íbamos advirtiendo para que nos dejaran paso, para así evitar tener que cambiarnos de carril y chocar con algún ciclista de los que bajaban. Cuando se apartaban y nos miraban se quedaran admirados de ver como subíamos en tamdem, ¡así cualquiera! ¡dos en una bici es más fácil , decían ... ¿Cómo? dijo Belinda, ¡el tandem pesa más que una bici normal! a partir de ahí, solo escuchábamos ánimos y palabras de admiración...
La subida no se nos hizo muy dura, subimos a una ritmo muy cómodo sin forzar mucho, pero tensando bien la cadena... Le iba contando a Belinda, todas y cada una de las curvas hormigonadas de 180º y cuando afrontamos la ultima recta, Kelles (una buena compañera), se puso a nuestro lado para acompañarnos en esos últimos metros y fue ahí cuando le comenzamos a cantar en plena subida "cumpleaños feliz..." antes de llegar a coronar y donde nos esperaban algunos de los compañeros que iban por delante.
Una vez arriba los demás compañeros nos aplaudían y felicitaban, nos bajamos del tandem y nos dimos un gran abrazo. Esperamos a que subieran el resto de integrantes para reagruparnos, mientras que hacíamos fotos del paisaje, unas vistas espectaculares, rodeados de los Montes de Toledo. Desde allí se llegan a divisar incluso la tablas de Daimiel, por eso y algunas cosas más la Calderina es un sitio referente para todo biker, de hecho aquello parecía una romería por toda la gente que nos habíamos encontrado por el camino... Siempre que he subido aquí, me he encontrado o cruzado con alguien en la ascensión o en el descenso.
Los siete compañeros que no habían subido hasta ahora, sintieron un gran alivio al llegar arriba, tenían otro concepto de lo que era la subida, se imaginaban que sería mucho más dura y el miedo que tenían antes de subir desapareció al llegar arriba, pero volvió a aparecer cuando pensaron en la bajada...
Si subir con un tandem es algo más complicado que hacerlo de forma individual, la bajada no es mucho más diferente... Al llevar más peso, la velocidad con la que se baja es mayor, hay que echar mucha veces mano del freno, sujetar el manillar con fuerza y tener cuidado en la curvas, menos mal que a mí lo de las bajadas no me da miedo y suelo soltarme bastante y menos mal que Belinda confía plenamente en sus pilotos, aunque ella tampoco tiene miedo ninguno y da vía libre para que sus pilotos la lleven por donde ellos lo consideren oportuno.
Una vez abajo volvimos a parar para reagruparnos y cuando estábamos todos decimos volver a Urda por el mismo camino por el cual habíamos llegado a la Calderina. La ruta la tenía dibujada para regresar por otro sitio, quería que fuera una ruta circular de unos 60 km pasando por el repetidor de Urda, pero el tiempo se nos echaba encima y si hacíamos lo que tenia pensado llegaríamos muy tarde a Alcázar, así que volvimos por el mismo camino a Urda quedándose la ruta en 39 km.
Después de volver a cargar todas las bicis, volvimos a Alcázar, para terminar la mañana tomándonos una cerveza y hablando de las futuras salidas y proyectos junto a Belinda, ya que ganas no le faltan, así que habrá que volver a organizar alguna ruta como la de hoy.









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