Hasta ultima hora no sabia sí realmente iría este año o no, a Los 10000 del Soplao, al principio lo tenía muy claro pero a última hora... Manolo, después de hacer la prueba de Guzmán el bueno, no lo tenía muy claro y pensé que ir sólo al Soplao no me hacia ninguna gracia.
No quería meterme un viaje tan largo yo solo, llegar a la cabaña y descargar yo solo para ir a recoger el dorsal, tras recoger el dorsal volver a la cabaña y cenar yo solo, preparare la mochila solo, etc... Todo esto sin poder hablar con nadie o simplemente comentar o debatir que ropa llevarle día de la carrera.
Además había que añadir el factor, climatología... Este año en principio la temperatura iba a ser buena, pero a última hora todo se estropeó y cambió de repente. Todo indicaba que nos llovería el Sábado y no quería pasar otro Soplao empapado como el del año anterior, así que simplemente por esos dos factores no tenía muchas ganas de volver este año.
Pero por otro lado ya tenía pagada una cabaña para 5 personas que me había costado 60€ una noche,( 120€ las dos noches)así que sino quería perder ese dinero tenía que ir, menos mal que Manolo decidió ir a última hora y al final me anime.
Prepare la mochila, con la ayuda de Carolina, para salir de casa con toda la ropa posible, en Cantabria la temperatura es muy variable y hasta última hora no se sabe con exactitud si lloverá o hará mucho frío,así que tuve que echar a la mochila de todo, tanto ropa de verano como de invierno, junto a todo necesario para la bici, cenar y desayunar en la cabaña, sacos de dormir, estufa (para no pasar el frío del año pasado), ropa de calle de cambio, etc...
Este año el Soplao lo haríamos en bici solo Roberto, Manolo y yo, Miguel Ángel Corral viendo la que nos iba a caer de agua... Prefirió cambiar la inscripción de btt a bici de carretera para el día 1. Roberto de iba a Santander para pasar allí la noche con su mujer y su hijo, así que sólo quedábamos Manolo y yo para meternos a una cabaña de 5 personas.
Quede con Manolo en pasar a recogerlo por su casa a eso de las 7:00, para cargar su bici, su mochila y salir rumbo a Cabezón de la Sal, sin prisas.
La primera parada la hicimos tras pasar Madrid, una parada rápida para tomar un café, la segunda parada la hicimos en Burgos, al igual que el año pasado paramos en Decathlón para comprarse Manolo un chaleco, yo un candado y unas barritas de chocolate.
Como era pronto y al camping no podíamos entrar hasta la 16:00, le propuse a Manolo parar a comer antes de llegar a Cabezón, ya que sí comíamos allí, tendríamos que aparcar el coche lejos de nuestra vista y no las tendríamos controladas, así que era mejor comer antes, en un bar de carretera donde no pudiéramos perderlas de vista, así que antes de llegar a Torrelavega, a unos 40km de Cabezón, paramos a comer un menú por 9€.
A las mismas 16:00, estábamos en el camping, nos registramos y nos dieron nuestra cabaña, desde ella, podía ver la cabaña donde estuve el año anterior. Un cabaña para 5 personas justitas, pero con todo lo necesario, un cuarto de baño, cocina con microondas y dos habitaciones, una con una litera y una cama, y otra con una cama de matrimonio. También tenía un pequeño recibidor donde estaba la mesa para comer, luego en la calle un porche para comer fuera.
Descargamos todos los trastos y nos fuimos a Cabezón donde ya nos esperaba Roberto. Nos tomamos una cerveza con él, su mujer y Diego, antes de que ellos se fueran a Santander. Nosotros nos quedamos por allí, para recoger los dorsales y vivir un poco el ambiente, ver los stands y empaparnos un poco del espíritu de los 10000 del Soplao.
El la bolsa del corredor este año, venían muchas menos cosas que año anterior, recuerdo que el año pasado nos dieron calcetines, bidón, pulsera, un cheque para una pulsera identificativa de regalo, junto a unos folletos informativos. Sin embargo este año,solamente un maillot, un cheque de descuento de 5€ para la misma pulsera identificativa y los mismo folletos del año pasado.
El día estaba nublado, amenazando lluvia en todo momento, pero las previsiones habían vuelto a cambiar, ahora anunciaban lluvias para el Sábado, pero a partir de las 12:00, ¡con eso me conformo! ¡Mientras que no me caiga agua en la salida, con eso soy algo más feliz! De todos formas allí estaba el speaker, animándonos para el día siguiente, con la canción de Efecto Pasillo, No importa que llueva....¿qué no importa que llueva? ¡cómo se nota que tu no vas a salir en bici! Pensaba yo....
Pero irse a la cama, era complicado... Todo era un mar de dudas, no sabíamos que echar a la mochila, lo único que tenía claro era con la ropa que iba a salir, aunque todo podía cambiar, si al levantarnos estaba lloviendo, por un momento llegue a pensar en que sí estaba lloviendo en la salida, recogería los bártulos y me volvería a casa.
A las 5:30, suena el despertador, no llueve, salgo a la calle pero no puede ver las nubes al ser de noche, desayuno y me dispongo a meter todo a la mochila, multi-herramienta, chubasquero, térmica manga larga, maillot largo, manguitos, calcetines, cubrebotas, barritas, geles, guantes, etc... Para llevar puesto, térmica sin mangas, maillot largo, cullote corto y chaleco. Además para esa hora de espera en la salida, llevaría puesto las perneras y la chaqueta de invierno puesta y momentos antes de las 8:00 me lo quitaría, de esta maneera evitaría quedarme frío en la salida.
Quedamos con Roberto a las 6:40 en el mismo lugar donde aparcamos el año pasado, para intentar estar el la calle de la salida a las 7:45 y arrancar lo más delante posible. Descargamos las bicis y corriendo nos fuimos para coger una buena posición.
Al llegar a la calle observamos que este año arrancaríamos mucho más delante que año pasado, más o menos en la mitad de la calle, nos posicionamos y esperamos ansiosos a que dieran las 8:00, cuando quise sacar el móvil para hacer una foto me di cuenta de que no lo llevaba encima, me lo había dejado en el coche, así que me toco ir a buscarlo mientras que Roberto y Manolo me guardaban el sitio...
La temperatura era buena, hacia algo de frío, pero seguro que al empezar a rodar entraríamos en calor, así que a las 7:45 me despoje de las perneras, de la chaqueta de invierno y me coloqué los cubrebotas para evitar que se me mojaran los pies en el caso de que lloviera.
8:00, suena la traca, suena la tradicional al canción de ACDC y acto seguido la cuentas atrás.... 5, 4, 3, 2, 1... Dan la salida y el alboroto del personal aumenta, estamos todos nerviosos, deseando salir, pero no pasamos por el arco de salida hasta el minuto 3:20, 10 minutos antes que el año pasado...
Una de las novedades de este año, en cuanto al cambio de recorrido esta justo al principio. La salida de Cabezón este año se hace por otro sitio y a los 3 km, nos encontramos con las primeras retenciones, unas primeras rampas con un buen desnivel, menos mal que al ver la situación consigo escabullirme entre los bikers para evitar el tener que bajarme de la bici y cumplir así una de mis primeras reglas sobre la bici... Intentar hacer siempre en todas las salidas el recorrido entero y sin bajarme de la bici para empujar o esperar... Más tarde me pude enterar en que en este punto se formaron tapones muy grandes... Este primer cambio del recorrido no me gusto nada, siempre hay que tratar de evitar tapones en una marcha con tanta participación, y más en una marcha de tantas horas...
Al escabullirme entre los demás, me separe de Manolo y de Roberto unos metros, Roberto me alcanzo al rato, Manolo venía unos metros detrás, cuando dábamos alguna curva y miraba hacia atrás, lo veía.
Después de una sucesión de subidas y bajadas llegamos a la famosa subida de la Cocina o Lastras, aquí lo tapones siempre han sido inevitables, pero este año no existían gracias a que este tramo había sido asfaltado, así que el primer tramo en vez de hacerlo empujando la bici, como el año pasado, pude completarlo subido mientras recibíamos los ánimos de los espectadores allí congregados.
Aunque la alegría no nos duro mucho..Roberto iba conmigo, pero el tramo asfaltado se terminó y paso a ser lo que era... Un tramo por el cual era complicado ir en bici, totalmente embarrado intentábamos avanzar, unos empujando, otros subidos e intentando mantener el equilibrio, pero al final no tuve más remedio y hacer unos 300 metros empujando, Roberto consiguió avanzar algo más que yo y me saco unos poco metros, los cuales no podía recortar..
Tras pasar este tramo venía una pequeña bajada llena de barro y justo antes de iniciar la subida a las cuevas del soplao había un hombre con un camión cisterna donde lavaba las bicis para limpiarlas de barro, pare para quitar la plasta de barro que llevaba en el desviador y acto seguido me ofrecieron aceite para la cadena antes de iniciar la subida.
Perdí a Roberto de vista, la parada para lavar la bici me retraso y pensé en que no volvería a verle más ya que él esta muy fuerte, ya me lo demostró el año pasado aquí mismo y en las numerosas rutas que hemos podido compartir. En cuanto a Manolo, no sabía nada de él, me fastidiaba dejarle solo, pero por otro lado, lo mas sensato es que cada uno fuera a su ritmo.
La subida a las cuevas del soplao es la más cómoda y sencilla de todas, carretera asfaltada, con una pendiente asequible en torno al 6%, de unos 7 kilometros incluyendo la subida de la Cocina, con varias zetas en su ascenso, fue en una de ellas cuando escuche mi nombre que venía de la parte alta, ¡era Roberto! Me dijo que me esperaría en el avituallamiento de las cuevas, así que acelere la marcha para que no tuviera que esperarme durante mucho tiempo.
En plena subida coincidí con un bíker, el cual lleva la ropa del club de Cabezón de la Sal, ¡este es del terreno! Así que le pregunte...
¿Va a llover o no?
Me miro y con una sonrisa me dijo...
¡Cómo se quite el aire... la cagamos! ¡nos caerá agua sin parar!
Me indico el mar y me dijo..
¿Ves aquellas nubes negras de allí? Esas nubes estarán en Cabezón a las 20:00, así que sino quieres que te pillen, ¡ya puedes darle a los pedales!
Mientras que Roberto se quedaba con las bicis, yo fui a por algo de comer y de beber, sorteando las numerosas bicicletas que estaban por el suelo. En los avituallamientos no faltaba de nada, plátanos , agua, bebidas isotónicas, pasteles, geles, membrillo, etc...
Cuando estábamos a punto de iniciar la peligrosa bajada, llego Manolo. Decimos quedarnos con él y esperarle para continuar juntos, así que mientras que nos quedamos con su bici, él se fue a buscar algo para comer, mientras Roberto y yo veíamos como algunos ni paraban, así que yo personalmente me empece a agobiar... ¡Nos está adelantando mucha gente!
En cuanto Manolo, repuso fuerzas iniciamos la bajada, si el año pasado estaba mal, este año estaba peor... Había gran cantidad de barro, aquello parecía una pista de patinaje, la gente bajaba con mucha precaución (demasiada, a mi entender, aunque no todos somos iguales) yo disfrute mucho, llegue a la parte rayada y hormigonada donde el disfrute fue mucho mayor y acto seguido entre en Celis, donde me encontré con dos filas de ciclistas esperando su turno para que los vecinos que estaban con las mangueras en la calle les quitaran el barro, ¡qué amabilidad!.
El primero en llegar fue Roberto el cual esperó a que yo terminara de lavar la bici y tras coger un clinnes, que una vecina me ofreció para limpiarme la cara, seguimos el camino juntos.
Llegamos al río, este año cargadito de agua, el cual teníamos que cruzar... Había un pequeño parón ya que teníamos que cruzarlo a pie, pisando entre piedras, el que no se quería mojar... y metiendo lo pies hasta las rodillas, al que le daba igual....
Le comenté a Roberto que este año no había tanta gente andando como el año anterior, recuerdo que el año pasado me resultaba muy difícil mantener el equilibrio sobre la bici con tanta gente a ambos lados empujando sus bicis, este año no vi a tantos.... A la que sí que pude ver fue a una mujer consulta hija repartiendo golosinas y trozos de manzana en una de las curvas en pleno ascenso,a la cual no dudé en acercarme para coger y para agradecerle su presencia...
Coronamos Monte A e iniciamos la bajada... En las bajadas bajaba muy deprisa, alcanzando grandes velocidades y arriesgando más de la cuenta, pero que le voy a hacer.... ¡Me encanta, correr! Roberto era más conservador, así que en la bajadas nos separábamos, aunque luego enseguida me volvía a pillar...
Llegamos a Ruente, en él nos esperaba una gran cantidad de público, aplaudiendo y dando ánimos, pasamos por el famoso y estrecho puente que hay para cruzar el río Saja, la verdad es que fue emocionante volver a cruzar por él... El año anterior cuando pase por aquí, no había casi nadie esperándonos al final del puente, todo lo contrario a este año, un pasillo de gente que nos guiaba hasta el final del Pueblo.
Desde allí hasta hasta el siguiente avituallamiento, el de campa Ucieda, me pude encontrar con varios bíkers en sentido contrario a nuestra marcha, era gente que abandonaba la prueba...(al menos es lo que yo pensaba)
Lo de campa Ucieda para parecía un campo de batalla, infinidad de gente, ciclistas, gente de la marcha a pie, familiares, gente de la organización, carpas llenas de comida y bebida, camiones cargados de suministro, ambulancias, etc...Cogí unos bocadillos, plátanos, aguarías, algún pastelito y me fui donde estaba Roberto para comérnoslo, era increíble el movimiento de gente, todos los que llegaban, los que se iban, los que se reencontraban, etc...
Aproveche para engrasar la bicis, ya que las cadenas estaban bastante resecas, estire y volví a por más bocadillos... Me comí 3 bocadillos de jamón, varios plátanos, bebí mucho aquarius, la idea era comer todo lo que pudiera y evitar que el tío del mazo viniera a visitarme en la ascensión del Moral.
Después de unos 10 minutos de parada decidimos continuar el canino, pensé que para la subir al Moral, lo mejor sería desprenderse de ropa, así que me quite el chaleco, los guantes de invierno y la braga, para sudar lo menos posible y luego para la bajada me lo volvería a poner de nuevo todo.
Dejamos el avituallamiento para adentrarnos en corazón del parque Saja-Besaya y comenzar el ascenso a primero de los 4 "colosos" de este infierno.
La subida del Moral son de unos 12km con una pendiente media de 6.5% con 9 km rozando el 8% de manera muy constante. En algunos tramos del recorrido coincidíamos con los de la marcha a pie, ellos tenían que completar un recorrido de unos 45km con unos 2000 metros de desnivel acumulado, andando por la montaña, tampoco lo tenían nada fácil....Roberto y yo nos pusimos un ritmo cómodo, íbamos adelantando a bastante gente, también pudimos ver como había varios que se daban la vuelta, ya no se sí se daban la vuelta antes de coronar o se la daban al coronar, la verdad es que en esta prueba la cabeza juega un papel muy importante....
A partir de ahora todo lo que venía detrás era nuevo para mi, el año pasado nos cortaron el paso aquí mismo, aunque el panorama era bastante distinto, hoy la temperatura era estupenda y el año pasado fue horrible, viento, lluvia, frío, ufff, prefiero no recordarlo...
De nuevo me lanzo en la bajada, casi siempre por encima de los 50km/h, sin apenas tocar los frenos, también he de decidir que me di un buen susto en una de las curvas... estuve apunto de despeñarme por ir mirando la hora en el cuentakilómetros ¡quien me manda!...
Llego abajo en solitario, continuo por carretera alcanzando a un grupo con el cual llego a Barcena Mayor y al avituallamiento allí situado. Mientras voy a buscar algo de comer, llega Roberto, engullo varios bocadillos, me tomo un café caliente y nos comentan que ahora es cuando viene lo peor... 16km de subida con una pendiente medie del 5% a Fuentes y luego la subida a Ozcava antes de llegar al próximo avituallamiento.
Iniciamos la subida de Fuentes, sin prisa, pero sin pausa, volvemos a poner un ritmo, la subida no se me hace muy dura y llego arriba bastante entero. Arriba avituallamiento liquido, me tomo algo para el grandisimo dolor que cabeza que tengo, la temperatura a bajado considerablemente y el viento es cada vez más fuerte, me abrocho el chaleco antes de bajar y de nuevo a tope...
Empiezo la subida a Ozcava de 6 km yo solo, Roberto aún no me ha pillado, decido ir subiendo yo a un ritmo tranquilo para que me pudiera alcanzar, pero por mas que miro hacia atrás no logro verle. Llego al avituallamiento justito de fuerzas, necesito comer algo, no quiero barritas, ¡quiero bocadillos!.
Dejo la bici y me meto a la carpa que tienen montada, dentro de ella estamos todos resguardados del fuerte viento que se a levantado, para evitar quedarnos fríos al entrar a la carpa me encuentro a un mujer con un plato de tortilla en la mano, ¡genial! ¡esto es lo que me hacia falta! no me separo de ella y mientras como tortilla veo como llega Roberto. Tras la tortilla, asalto la banasta de bocadillos, cojo plátanos y vuelvo a beber aquarius y salgo fuera para estirar y continuar el camino.
Bajada de Ozcava, la más rápida de todas, al pisar el asfalto alcanzo la velocidad máxima del día 75 km/h, adelanto a muchos bikers, llego a la serie de curvas cerradas del final, las paso sin problemas, aunque me vuelvo a dar un susto en una de ellas, ¡relájate! (me grito a mi mismo) me dirijo al paso de control en Correpoco, voy de paso y no paro en el avituallamiento liquido, la gente no se cansa de aplaudir, se agradece, les devuelvo el aplauso e incrementan la intensidad del aplauso, ¡joder que emoción! ¡solo por esto ya merece la pena este sufrimiento!...
El siguiente punto era una de las sorpresas que nos tenían preparada... El tramo nuevo de Correpoco, una primera subida exigente, consigo hacerla sin poner el pie, gritando a todos los que iban andando que se apartaran para que no me entorpecieran la gran subida técnica por las piedras. Al ver que casi todos los demás se bajaban sin llegar a intentarlo, pensé...venga David, demuestra tu habilidad y no te bajes, muchos de ellos me gritaban.. ¡vamos David! al ver mi nombre en el culote... aquí recibí una buena inyección de adrenalina, que me dio alas para seguir a tope, pero a los pocos metros llegue a la llamada ciénaga de Sherk, un paso lleno de barro, por el cual era imposible hacerlo en bici, aquí si que todos pasamos por el aro... menos mal que tampoco fue muy largo y pronto pude volver a subir y continuar...
Roberto sigue sin alcanzarme y me empiezo a mosquear, ¡no es normal! llego a Renedo de Cabuerniga, y me dispongo al asalto de la última subida, la temida y comentada subida al Negreo. Llego por carretera, de repente me indican un giro a la derecha y cuando giro me encuentro un montón de gente a ambos lados de una fuerte pendiente asfaltada, ¡cuando hay tanta gente agrupada en un mismo sitio, es que hay algo gordo!, una primera rampa repentina antes de llegar al último avituallamiento.
Me encuentro delante de mi a Eva, ¡que coincidencia!, ¡que alegría me dio verla!, le di ánimos y paramos en el avituallamiento, hablamos sobre todo lo que llevábamos hecho, cuando llego un hombre de la organización y nos explico que nos quedaban 5km que eran ¡la hostia! (palabras textuales) con fuertes pendientes y una rampa en particular con más del 25%, así que nos dijo que nos lo tomáramos con tranquilidad. Esta noticia, con 130 km en las piernas y 7 horas de sufrimiento me entro por un oído y me salio por otro... pensé, ahora es cuando tengo que darlo todo, se que puedo terminar con fuerzas, así que de tranquilidad nada, a esa la deje abandonada hace unos días...
Salimos Eva y yo del avituallamiento y nos dispusimos a ascender el tramo denominado como ¡la hostia! Al ir junto a Eva los ánimos del publico se multiplicaban, todos le gritaban y aplaudían al verla llegar, fue también un momento emocionante ver como la gente reconocía el esfuerzo de esta gran campeona ¡te merecías esos elogios, Eva!
Ella me dice que vaya yo a mi ritmo y poco a poco la voy dejando atrás en cada curva miraba para ver por donde iba, al igual que seguía mirando y buscando a Roberto, pero no aparecía ¡algo le ha tenido que pasar!...
En el ascenso adelanto a mucha gente, la mayoria van andando y empujando la bici, consigo pasar todo este tramo de grandes pendiente sin bajarme, pero aun no a terminado el suplicio, termina el tramo de ascensión con el firme asfaltado y el camino pasa a ser de tierra que transcurre por la ladera, pero el terreno se complica y se llena de piedras, por las cuales me resulta complicado pasarlas sin bajarme, pero tiro de amor propio y logro pasar todo sin bajar ¡así se hace! me grito a mi mismo...
Ya esta todo hecho, solo me queda la bajada y de nuevo me lanzo a por ella, las nubes se han vuelto totalmente grises, amenazando lluvia, el viento es fortísimo, estoy a 4 km de Cabezón 4 km para la gloria, los cuales fueron por carretera, conseguí meterme en un grupo de 5 y nos turnamos dando relevos para repartir el esfuerzo entre todos ante el fuerte viento.
Entramos en la calles de Cabezón de la Sal, recuerdo todo lo vivido a lo largo del día y vuelvo a acordarme de Roberto, él me ha acompañado durante muchos kilómetros y me gustaría entrar por la linea de meta con él, así que decido pararme y esperarle.
La gente me dice, que no me pare, que me queda muy poco para llegar, les explico la situación y me entienden perfectamente. Me empiezo a quedar totalmente helado y comienza a llover, son las 20:10 y al ver llover me acuerdo del amigo del club de Cabezón de la Sal que me dijo que a las 20:00 llovería en Cabezón mientras ascendíamos a las cuevas del Soplao, ¡el tío lo clavo!
Tras 10 minutos de espera, mojándome decido pasar por meta y resguardarme en alguna carpa, así que muy a mi pesar cruzaremos la linea separados.
12.21 minutos, ese fue mi tiempo, seguro que se puede mejorar, pero esa no era mi intención, me emociono bastante, han sido muchos entrenamientos de cara a esta prueba y el resultado esta aquí .. llamo por teléfono a Carolina y la emoción me impide mantener un conversación con ella, recibo mensajes de amigos diciéndome que me han visto entrar por meta a través de la retransmisión en Internet y me dan la enhorabuena, fueron tantas cosas juntas... no sabia que hacer, si irme, si quedarme, lo que si que sabia es que estaba congelado...
Me voy a la linea de meta y veo entrar a unos 12 minutos después a Eva y justo detrás a Roberto, voy a su encuentro nos felicitamos y le pregunto el por que de su retraso, me dice que habia pinchado dos veces y que ya le fue imposible pillarme, ¡eso lo aclara todo!
Empiezo a dar tiritones de los grandes, Roberto me recomienda que me vaya a casa me duche y vuelva luego a buscar a Manolo, así que cargo la bici en el coche y rápidamente me vuelvo al camping, me ducho y vuelvo corriendo a Cabezón de la Sal, para recoger a Manolo el cual a terminado su primer Soplao con un tiempazo.
En el camping esta lloviendo a mares y temo que en Cabezón también lo este haciendo y que Manolo se este mojando. Aparco en coche y me dirijo a la carpa donde me espera Manolo para volver al camping, ducharse, cenar y comentar la experiencia vivida antes de irnos a descansar después de acabar el infierno Cántabro.
Un Soplao para recordar, con momentos chungos, momentos de indecisión y muchas emociones, pero con un final amargo... cuando llegue a la meta, no pude chocar la mano con nadie o abrazarme en ese momento, por ese motivo he decido volver el año que viene acompañado de Carolina, para poder compartir esa emoción al llegar, así que el volveré a vivir el Infierno otro año más...

























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